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UN SOLO CAMINO Y MUCHOS VIAJES

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  Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino es por mí. (Juan 14:6) Jesús no puede ser más claro y tajante en su afirmación de exclusividad. Ahora bien, en ese camino hay una gran variedad de experiencias de viaje  y, por mucho que nos pese, la nuestra no es, ni mucho menos, ni la única y ni siquiera la mejor de ellas. No se trata de restarle validez a la nuestra, sino humildemente reconocer el valor de otras singladuras que, por extrañas que nos puedan parecer, están dentro de ese único camino. En definitiva, ninguna duda ni objeción a que Jesús es el único camino, así lo dejó establecido Él, pero advertencia sobre el peligro, osadía y arrogancia a confundir mi viaje con el camino y, por tanto, despreciar o sospechar de todos los otros viajes. ¿Por qué es importante reconocer que aunque hay un solo camino existen diferentes experiencias de viaje?

CORAZÓN ÍNTEGRO

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Y que vuestro corazón pertenezca íntegramente al Señor, nuestro Dios, cumpliendo sus preceptos y guardando sus mandamientos. (1 Reyes 8:61) Íntegro, según el diccionario, que está completo o tiene todas sus partes. Si consideramos que en las Sagradas Escrituras el corazón es el centro de control de todo nuestro proyecto de vida, el corazón íntegro sería aquel en el que todas las dimensiones de ese proyecto están orientadas, influencias y dirigidas por el Señor. En contraste, el corazón roto, fragmentado, no íntegro, sería aquel que está dividido entre diferentes lealtades o, si preferimos llamarlo así, diferentes ídolos. Los ídolos, ya lo sabemos, son crueles y tienen sus exigencias para sernos propicios, nos piden un precio para supuestamente hacernos felices; eso fragmenta todavía más las fracturas que el pecado ha generado en la experiencia humana, nos rompe más como personas. Totalmente al contrario de lo que hace el Señor cuando le sometemos todas las dimensiones de nuestro ser, u...

SIN DESCANSO

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  Pero él les replicaba diciendo: — Mi Padre no cesa nunca de trabajar, y lo mismo hago yo. (Juan 5:17) A estas alturas del partido creo que ya tengo una visión más centrada, no sé si madura, de la vida y la realidad. Ya entiendo que el Señor no es una máquina dispensadora de respuestas a las oraciones y tampoco seguro de vida y accidentes para mí y los míos. La vida tiene una evolución natural que a todos nos afecta de una manera u otra.  Pero lo anterior no quita que Dios sigue trabajando en la historia; en la macro historia que está relacionada con el advenimiento definitivo del Reino, y en la micro historia de cada uno de nosotros. El problema es que, en demasiadas ocasiones, no somos conscientes o no podemos percibir esa intervención de Jesús en nuestra vida y circunstancias. Él parece ausente en el mejor de los casos, indiferente en el peor y, sin duda, es legítimo tener un sentido de decepción. Es entonces cuando debemos recordar esa afirmación de Jesús y descansar en l...

ES LO QUE HAY

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  Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tanta gente? (Juan 5:19) Estos días, en Colombia, Dios me ha dado la oportunidad de -al menos eso creo- de bendecir a cientos de líderes, pastores, profesionales y estudiantes. Cada vez que he tenido que enfrentar uno de los diversos auditorios he sentido el síndrome del impostor, que por si no lo sabes, consiste en lo siguiente: " No ser capaz de evaluar de manera realista tus propias habilidades y competencias .  Atribuir tu éxito a factores externos, como la suerte . Sientes que no mereces tu éxito. Tener miedo de no ser lo suficientemente bueno." Es igual los años que llevo en el ministerio,  esto, de forma regular se hace presente. Mi antídoto es el de los cinco panes y dos peces. Consiste en reconocer mi incapacidad e indignidad y presentar a Dios lo que tengo y dejar el resto en sus manos. Él es responsable, si lo desea, de multiplicarlo. Vive con la filosofía de los cinco pa...

ETERNIDAD, ECLESIASTÉS

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Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. (Eclesiastés 3:11) Jacques Monod, quien fue premio Nobel de física y química afirmaba que el ser human es un producto del azar y la necesidad. Dicho de otro modo, la única diferencia entre nosotros y una piedra o un árbol radica en que los elementos químicos que nos conforman se han agrupado de forma diferente como consecuencia del azar. Contrasta con la búsqueda constante de sentido, propósito y significado de todo ser humano y que responde, en mi modesto entender, a ese sentido de eternidad que, como indica la Biblia, el Señor ha puesto en el corazón de todo ser humano. Ese ese sentido el que de forma positiva nos dice que la vida debe ser algo más que lo que experimentamos; pero, a la vez, genera en nosotros un saludable sentido de insatisfacción que es, precisamente, el que nos impuso en esa búsqueda. ...

TIEMPO 2, ECLESIASTÉS

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  Todas las cosas bajo el sol tienen un tiempo y un momento. (Eclesiastés 3:1) Ayer comentaba que hay tiempo para todo, hoy quiero abordar la segunda dimensión que, en mi opinión, se desprende de este pasaje, el concepto de oportunidad. El escritor indica que hay un tiempo para cada cosa y es nuestra responsabilidad discernir cuándo es ese tiempo preciso y adecuado. Los griegos tienen dos conceptos diferentes para tiempo: cronos, que es el tiempo secuencial, la sucesión de las horas, los días, las semanas, etc. Pero también tienen el concepto de kayros; este se refiere al tiempo que se da cuando se ha de dar. Es un tiempo que no podemos controlar, que tiene su momento, que no se puede acelerar y que cuando pasa, pasó y no puede recuperarse. Nosotros, los humanos, solemos vivir en el cronos y nos esforzamos en controlarlo; Dios vive en el Kayros y sus cosas suceden en su tiempo, no en el nuestro. Necesitamos aprender a discernir el kayros del Señor para nuestras vidas.

TIEMPO, ECLESIASTÉS.

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  Todas las cosas bajo el sol tienen un tiempo y un momento. (Eclesiastés 3:1) Cuando pienso en estas palabras vienen a mi mente dos ideas. La primera, que hay tiempo para lo que se desea tenerlo. El tiempo es democrático, todos recibimos la misma cantidad cada día. Probablemente no es correcto, incluso ofensivo, afirmar que no tenemos tiempo; sería más adecuado indicar que tenemos prioridades diferentes a la hora de invertirlo. Afirmar que carecemos de  tiempo para pasarlo con el Señor puede resultar insultante, pues indicamos que los otros no tienen otra cosa que hacer que pasar tiempo con Dios, su vida no está ni tan ocupada ni es tan intensa y llena de responsabilidades como la nuestra. Tal vez es bueno aprender a usar un lenguaje más correcto e indicar que nuestras prioridades no incluyen a Dios.