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SI BEBES, NO CONDUZCAS, PROVERBIOS 7

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 Conserva mis mandatos y vivirás. (Proverbios 7:2) Corría el año 1985 y la Dirección General de Tráfico puso en marcha esta campaña para confrontar un serio problema, los accidentes de tráfico causados por las personas que conducían bajo los efectos del alcohol. La ley penalizaba a los infractores y, por mal que les pudiera saber, la finalidad era proteger sus vidas y las de otros conductores. Este es el propósito de los mandamientos de Dios, darnos vida y no, como piensa la cultura popular y, a menudo, nosotros mismos, amargarnos la vida. El propósito de cada mandato o precepto del Señor es proteger nuestro proyecto vital. De hecho, compruébalo tú mismo. Cada vez que pecas, se rompe tu relación con el Padre, o se rompen tus relaciones interpersonales, o te rompes internamente, o se rompe tu relación con la creación de Dios o, una combinación de varias de ellas. Siempre pasa, sin excepción. ¿Cuál o cuáles de los mandamientos de Dios estás percibiendo de forma equivocada?

JUGAR CON FUEGO, PROVERBIOS 6

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  Nadie puede llevar fuego en su pecho  sin que se le queme la ropa; (Proverbios 6:27) La lectura de este texto me ha llevado a pensar en las situaciones en las que decidimos jugar con la tentación, coquetear con ella, considerar que podremos manejarla, que podremos tontear y, llegado el momento, tendremos la capacidad de dar un paso atrás y ponernos a salvo. El libro de Proverbios es una obra de principios generales. Son observaciones sobre la vida hechas desde la experiencia y con la finalidad de proveernos de recursos para vivir una vida sabia, que usa estos principios para darle sentido al proyecto vital. Aquí tenemos una clara advertencia que el refranero español ha expresado de forma diferente pero resumiendo el mismo principio: es de necios pensar que puedes jugar con el fuego sin quemarte. ¿En qué área o áreas de tu vida estás jugando este peligroso juego?

SER OBSERVADO, PROVERBIOS 5

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  El Señor ve los caminos del ser humano, examina todos sus senderos. (Proverbios 5:21) Según como se mire esta afirmación de las Escrituras puede ser aterradora. Nos encontramos ante un Dios que todo lo sabe y todo lo ve. Pero, si lo pensamos bien, se puede convertir en una gran bendición para nuestras vidas. Todos nosotros tenemos puntos ciegos; es decir, partes de la realidad que están ahí pero que no podemos ver, por eso reciben ese nombre: puntos ciegos. Es lo que sucede cuando conduces un automóvil, puede ser que haya otros vehículos o peatones que no estás percibiendo. Dios puede convertirse en nuestro aliado para poder percibir aquellas partes de nuestras motivaciones, carácter, prioridades, pensamientos, actitudes y conductas que pensamos que están bien pero, en realidad no lo están. Cuando le pedimos al Dios que todo lo ve que nos de su perspectiva y su opinión podemos ganar en comprensión para vivir mejor. Te invito a usar el Salmo 139:23 y 24 para probarlo.

GUARDA TU CORAZÓN, PROVERBIOS 4

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  Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida. (Proverbios 4:23) En las Escrituras el corazón no está relacionado con las emociones, antes al contrario, es el centro de control de todo el proyecto de vida de un ser humano. Allí radican los valores, las prioridades, los paradigmas que determinan nuestra visión del mundo. En él se toman las decisiones, decisiones que van moldeando nuestro carácter, quiénes somos y cómo vivimos. Jesús lo afirmó, del corazón del ser humano brotan las conductas. El Señor, en el Antiguo Testamento, indico que la conversión pasa por el cambio del corazón, uno de piedra, símbolo de indiferencia y/o resistencia a Dios, por uno de carne que representa lo opuesto. ¿Cuál es el estado de tu corazón? ¿Qué saldría a la luz si lo sometes al escrutinio del Señor?

CONFIANZA, PROVERBIOS 3

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  Confía plenamente en el Señor y no te fíes de tu inteligencia. (Proverbios 3:5) Me gusta la definición que afirma que la confianza es la medida en que uno se siente seguro con alguien o algo. Por tanto, confiar en el Señor sería sentirse seguro con Él, poder descansar en sus pensamientos, promesas, mandamientos; en definitiva, en sus intenciones hacia nosotros como seres humanos. En contraposición se nos dice que no nos fiemos de nosotros mismos y, si somos honestos, estaremos de acuerdo que, en ocasiones, no podemos sentirnos seguros con nuestra forma de entender y afrontar la vida. No deja de ser interesante que la tentación que la serpiente planteó a Adán y Eva tuvo que ver, precisamente, en llevarles a desconfiar del Señor, sus intenciones y sus motivaciones hacia ellos.  Y pensando en ti ¿Confías en Dios o en tu propio criterio?

BUSCA LA SABIDURÍA, PROVERBIOS 2

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 Porque el Señor concede la sabiduría y de su boca salen el saber y la prudencia. (Proverbios 2:6) El primer capítulo nos indicaba que la base de la sabiduría, es decir la capacidad de organizar y vivir bien la vida, es el respeto profundo de Dios y lo que Él enseña. Aquí nos indica que la sabiduría viene de Dios; Santiago, en su carta, se hace eco e indica que quien necesite sabiduría la pida a Dios quien la da ampliamente. Pero no nos engañemos, la sabiduría no cae del cielo de forma instantánea. Si leemos en profundidad el capítulo 2 veremos que el autor nos indica que ésta, si bien viene del Señor, se ha de buscar de forma intencional, proactiva, consciente, arduamente. Si se me permite la expresión, afirmaría que Dios no se la da al que la pide, sino más bien al que la busca y lo hace con ganas. ¿Esperas la sabiduría o trabajas para obtenerla?

EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA, PROVERBIOS 1

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 El principio de la sabiduría es el temor del Señor. (Proverbios 1:7) Sabiduría y conocimiento son dos cosas diferentes. En la Escritura la primera se refiere a nuestra capacidad para organizar nuestro proyecto de vida. El escritor de Proverbios nos indica que el temor del Señor es la esencia, el fundamento para organizar nuestra vida. Temor, en mi humilde opinión y consultando a los estudiosos bíblicos, no significa miedo.  Dice Juan que el amor echa fuera el temor y el que teme, no ha entendido el amor. Se refiere más bien al profundo respeto y asombro que nos produce Dios y, consecuentemente, todo aquello que proviene de Él, sus enseñanzas, mandatos y principios de vida. Porque esta es la idea transversal del libro, el necio se monta su propio proyecto al margen de Dios, siguiendo la cultura social, el sabio lo hace basado en Dios. ¿En qué lo basas tú?