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PROMESAS ROTAS

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— ¡Yo no te negaré, aunque tenga que morir contigo! Y lo mismo decían todos los demás. (Marcos 14:31)  Todos sabemos que poco después Pedro negaría conocer al Maestro, y lo haría hasta en tres ocasiones. El apóstol no pudo mantener su promesa, no pudo estar a la altura de su palabra, no tuvo la fuerza para seguir fiel en su compromiso. Sin embargo, creo que era totalmente honesto cuando manifestó su intención de hacerlo. Pero, como dice la Escritura: el espíritu a la verdad está dispuesto pero nuestra naturaleza es débil.  Es fácil juzgar a Pedro; sus "meteduras de pata" son varias y memorables y muchas otras que, sin duda, no han sido recogidas en las Escrituras. Pero ese hombre es un espejo en el que todos nosotros nos podemos mirar y ver reflejada nuestra propia realidad. Yo me veo en él. Pienso en tantas veces que he prometido que haría o dejaría de hacer, que no toleraría más en mí determinadas motivaciones y actitudes y... después todo ha...

¿NACER DE NUEVO?

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Pues yo te aseguro que sólo el que nace de nuevo podrá alcanzar el reino de Dios. (Juan 3:3) Estas palabras se las dijo Jesús a Nicodemo, un fariseo, un hombre de una profunda espiritualidad y compromiso con Dios y su Ley. Si alguien podía sentirse seguro y orgulloso de su religiosidad era Nicodemo. Sin embargo, debía de tener una clara conciencia de que a pesar de todo algo le faltaba y esa carencia le empujó a verse con el Maestro. Siendo su interlocutor un fariseo y teniendo conocimiento como lo tenía del corazón de las personas, Jesús sabía perfectamente cuál era la necesidad de aquel hombre. De entrada le presentó su carencia y necesidad: nacer de nuevo. Jesús le estaba diciendo -y por extensión a cada uno de nosotros- que la religiosidad no es suficiente para entrar en el reino de Dios. Es preciso una experiencia transformadora, un salto cuántico espiritual que nos adentra en una nueva dimensión y que por su naturaleza sólo puede ser comparado con un nuevo na...

OFUSCADOS

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Conversando y discutiendo entre ellos, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado.   Pero tenían los ojos tan ofuscados que no lo reconocieron. (Lucas 24: 15-16) No sabemos cuánto tiempo aquellos discípulos que iban camino de Emaús habían pasado con Jesús previamente a su muerte en la cruz. Sin embargo, es notorio, por lo que nos indica el contexto del pasaje que el Maestro no les era desconocido. Sin embargo, cuando se acercó a ellos no lo pudieron reconocer. ¿La razón? El pasaje nos lo explica con claridad, el ofuscamiento, que es definido como una oscuridad de la mente que impide percibir con claridad la realidad. Sin duda las emociones relacionadas con la muerte de Jesús y su repentina desaparición de la escena habían generado ese ofuscamiento. Esto me ha llevado a pensar en cuántas ocasiones me he encontrado en situaciones similares. Las circunstancias, sus retos, necesidades, exigencias me han llevado al ofuscamiento, a estar tan c...

CURIOSIDAD

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Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, pues había oído hablar de él y ya hacía bastante tiempo que quería conocerlo. Además, tenía la esperanza de verle hacer algún milagro.  (Lucas 23:8)    Herodes estaba feliz ¡Por fin podría conocer a Jesús! y como dice el texto tal vez sería posible que hiciera algún milagro para él. En una época sin Internet, Netflix, HBO y otros entretenimientos similares aquello podía ser una experiencia cumbre para el rey. Sin embargo, según nos dice el evangelista, Jesús ni siquiera se digno en contestarle, no tenía ningún interés en satisfacer su curiosidad y mucho menos en montarle un show particular. Esto me lleva a pensar en cuántas personas se acercan al Maestro con la misma actitud de Herodes, que Él satisfaga su curiosidad, su deseo de información o intriga espiritual. Jesús no está por la labor, no tiene interés en que nuestra curiosidad por cosas y experiencias nuevas quede satisfecha. A nosotros, sus s...

PREJUICIOS

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Al oír esto, el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y exclamó: — ¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testimonios? ¡Ya habéis oído su blasfemia!     ¿Qué os parece? Ellos contestaron: — ¡Que merece la muerte! Y se pusieron a escupirlo en la cara y a darle puñetazos mientras otros lo abofeteaban   (Mateo 26:66-67)    El juicio de Jesús fue una parodia. Por lo que sabemos gracias a los evangelios el Sanedrín, órgano supremo de gobierno de los judíos, ya había tomado la decisión de acabar con Él mucho antes de que su comparecencia ante la corte tuviera lugar. Los dirigentes de Israel tenían claros prejuicios con respecto al Maestro y el simulacro de juicio únicamente tuvo como finalidad el confirmarlos.  Muchas personas se acercan a Jesús cargadas con sus prejuicios. Es interesante la definición que hace el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de esta palabra: un prejuicio es una opinión previa y tenaz,...