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PARÁBOLAS, ESTAD, PUES, MUY ATENTOS

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El reino de los cielos puede compararse a diez muchachas que en una boda tomaron sendas lámparas de aceite y salieron a recibir al novio.     Cinco de aquellas muchachas eran descuidadas, y las otras cinco previsoras.     Y sucedió que las descuidadas llevaron sus lámparas, pero olvidaron tomar el aceite necesario.     En cambio, las previsoras, junto con las lámparas, llevaron también alcuzas de aceite.     Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron.     Cuando a eso de la medianoche se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salid a recibirlo!”,     las diez muchachas se despertaron y comenzaron a preparar sus lámparas.     Las descuidadas, dirigiéndose a las previsoras, les dijeron: “Nuestras lámparas se están apagando. Dadnos un poco de vuestro aceite”.     Las previsoras les contestaron: “No podemos, porque entonces tampoco nosotras tendríamos bastante. Mejor es que acudáis...

PARÁBOLAS, ESTÉRIL

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  Jesús les contó entonces esta parábola: — Un hombre había plantado una higuera en su viña; pero cuando fue a buscar higos en ella, no encontró ninguno.     Entonces dijo al que cuidaba la viña: “Ya hace tres años que vengo en busca de higos a esta higuera, y nunca los encuentro. Así que córtala, para que no ocupe terreno inútilmente”.     Pero el viñador le contestó: “Señor, déjala un año más. Cavaré la tierra alrededor de ella y le echaré abono.     Puede ser que después dé fruto; y si no lo da, entonces la cortas”. (Lucas 13: 6-9) La higuera es uno de los árboles frutales más fértiles que existe y da varias cosechas a lo largo del año, aunque una vez plantada hacen falta tres años para poder recoger la primera cosecha. Del relato de Jesús se desprenden tres ideas claras que sería bueno que todos los seguidores del Maestro pudiéramos considerar: Estamos llamados a dar fruto. Jesús afirmó que seríamos conocidos por nuestros frutos y qu...

PARÁBOLAS. VAS A MORIR ESTA MISMA NOCHE

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Uno que estaba entre la gente dijo a Jesús:  — Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo. Jesús le contestó:  — Amigo, ¿quién me ha puesto por juez o repartidor de herencias entre vosotros? Y, dirigiéndose a los demás, añadió:  — Procurad evitar toda clase de avaricia, porque la vida de uno no depende de la abundancia de sus riquezas. Y les contó esta parábola:  — Una vez, un hombre rico obtuvo una gran cosecha de sus campos.     Así que pensó: “¿Qué haré ahora? ¡No tengo lugar bastante grande donde guardar la cosecha!     ¡Ya sé qué haré! Derribaré los graneros y haré otros más grandes donde pueda meter todo el trigo junto con todos mis bienes.     Luego podré decirme: tienes riquezas acumuladas para muchos años; descansa, pues, come, bebe y diviértete”.     Pero Dios le dijo: “¡Estúpido! Vas a morir esta misma noche. ¿A quién le aprovechará todo eso que has almacenado?”.     Esto le suc...

PARÁBOLAS, DIOS ES DIFERENTE

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Luego les dijo: — Suponed que uno de vosotros va a medianoche a casa de un amigo y le dice: “Amigo, préstame tres panes,     porque otro amigo mío que está de viaje acaba de llegar a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle”.     Suponed también que el otro, desde dentro, contesta: “Por favor, no me molestes ahora. Ya tengo la puerta cerrada y mis hijos y yo estamos acostados. ¡Cómo me voy a levantar para dártelos!”.     Pues bien, os digo que, aunque no se levante a darle los panes por razón de su amistad, al menos para evitar que lo siga molestando, se levantará y le dará todo lo que necesite. (Lucas 11:5-8) Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar en cualquier circunstancia, sin jamás desanimarse. Les dijo: — Había una vez en cierta ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a persona alguna.     Vivía también en la misma ciudad una viuda, que acudió al juez, rogándole: “Hazme justicia frente a mi adversario”...

PARÁBOLAS, YA QUE... II

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Teresa de Calcuta afirmaba que en cada necesitado nos encontramos con Jesús disfrazado. No está desencaminada. En el pasaje de Mateo 25 Jesús afirma que todo aquello que le hacemos a un necesitado se lo hacemos a Él. Del mismo modo, todo aquello negado a alguien en necesidad le es privado a Él mismo. Carece totalmente de valor moral hacer algo por el beneficio que nos puede otorgar; o dejar de hacer algo por el perjuicio que nos puede generar. Hasta las personas carentes de principios de conducta son lo suficientemente inteligentes para buscar el beneficio o evitar las consecuencias. El valor moral radica en hacer o dejar de hacer no debido a, sino a pesar de los beneficios o perjuicios derivados de nuestra acción.  Si nos encontráramos cara a cara con Jesús no dudo que todos nosotros actuaríamos respondiendo a sus necesidades físicas, materiales o emocionales ¡Quién osaría pasarlas por alto!. El reto consiste en hacer lo mismo con el necesitado anónimo, y pa...

PARÁBOLA, YA QUE... I

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  Cuando el Hijo del hombre venga con todo su esplendor y acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso.     Todos los habitantes del mundo serán reunidos en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos,   3  poniendo las ovejas a un lado y los machos cabríos al otro.     Luego el rey dirá a los unos: “Venid, benditos de mi Padre; recibid en propiedad el reino que se os ha preparado desde el principio del mundo.     Porque estuve hambriento, y vosotros me disteis de comer; estuve sediento, y me disteis de beber; llegué como un extraño, y me recibisteis en vuestra casa;     no tenía ropa y me la disteis; estuve enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y fuisteis a verme”.     Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento y te dimos de comer y beber?   ¿Cuándo llegaste como un extraño y te recibimos en n...

PARÁBOLA, AGRADECIDO POR NO SER COMO ESOS

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A unos que alardeaban de su propia rectitud y despreciaban a todos los demás, Jesús les contó esta parábola:  En cierta ocasión, dos hombres fueron al Templo a orar. Uno de ellos era un fariseo, y el otro un recaudador de impuestos.     El fariseo, plantado en primera fila, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque yo no soy como los demás: ladrones, malvados y adúlteros. Tampoco soy como ese recaudador de impuestos.     Ayuno dos veces por semana y pago al Templo la décima parte de todas mis ganancias”.     En cambio, el recaudador de impuestos, que se mantenía a distancia, ni siquiera se atrevía a levantar la vista del suelo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios! Ten compasión de mí, que soy pecador”.     Os digo que este recaudador de impuestos volvió a casa con sus pecados perdonados; el fariseo, en cambio, no. Porque Dios humillará a quien se ensalce a sí mismo; pero ensalzará a quien se hum...