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MIQUEAS / LAMENTO/ MIQUEAS 1

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Por eso me lamentaré y haré duelo, caminaré descalzo y desnudo, aullaré como hacen los chacales y gemiré como las avestruces. (Miqueas 1:8) El primer capítulo del libro del profeta Miqueas comienza con el anuncio del juicio del Señor sobre su pueblo como consecuencia de su infidelidad y su pecado. La segunda parte del capítulo es un lamento del profeta sobre la suerte que corre y correrá su pueblo. Pienso en la terrible carga emocional y espiritual que debe significar para un profeta el ser consciente de hacia dónde se dirige el pueblo y ver la insensibilidad del mismo hacia su mensaje. Para mí la enseñanza del pasaje es, como seguidores de Jesús, desarrollar empatía. La empatía, entre otras maneras, es definida como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad de otra. Dicho de otro modo, el profeta tiene la capacidad de participación de sentir y experimentar como propia la realidad de su pueblo y, consecuentemente, eso le lleva a...

JONÁS/ EL SEGUNDO ENFADO DE JONÁS/ JONÁS 4

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— ¿Piensas que haces bien en enojarte por lo sucedido con el ricino? — ¡Claro que hago bien en enojarme hasta desear la muerte! —respondió Jonás—.  Le dijo entonces el Señor:  — Tú te lamentas por un ricino en cuyo crecimiento no has intervenido, que en una noche creció y en la siguiente se secó.   11  ¿No voy yo a compadecerme de Nínive, esa gran ciudad en la que viven más de ciento veinte mil niños y en la que hay mucho ganado? (Jonás 4: 9-11) Jonás está decepcionado con el modo de proceder del Señor ¡No es el único! No es raro ver creyentes que se sienten escandalizados cuando Dios otorga su gracia a otros o los trata con amor y aceptación incondicional. Al profeta no le gusta el modo de proceder del Señor y éste decide ayudarle a procesar la situación. Para ello utiliza una planta de ricino que le provee de sombra y le protege del inclemente sol del desierto. Una planta, todo sea dicho de paso, que el propio Dios había hecho crecer para este pro...

JONÁS/ EL PRIMER ENFADO DE JONÁS/ JONÁS 3

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¡Oh Señor! ¿Acaso no era esto lo que yo me decía mientras estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir hacia Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios benévolo y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor; yo sabía que te retractas del castigo. Así, pues, Señor te ruego que me quites la vida, porque prefiero morir a vivir. El Señor contestó a Jonás: ¿Piensas que haces bien en enojarte de esta manera? (Jonás 3: 2-4) Jonás, según sus propias palabras, es un buen conocedor del carácter de Dios y precisamente por eso se enfada. El profeta describe correctamente al Señor, benévolo, compasivo, lento para la ira, grande en misericordia y pronto para retractarse cuando hay arrepentimiento. Sin embargo, tristemente eso no le agradaba a Jonás. Todo parece indicar que él deseaba la muerte y destrucción de la gente de Nínive y no podía soportar el hecho de que fueran perdonados por Dios. Su irritación y frustración por la actuación del Señor es tan grande que el mismo Dios ti...

JONÁS/ POR SEGUNDA VEZ/ JONÁS 3

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Por segunda vez el Señor habló a Jonás (Jonás 3:1) Por segunda vez Dios le concede una oportunidad a Jonás. Una frase tan sencilla y tan llena de contenido y significado. Los fallos no nos descalifican para el servicio al Señor. A menudo, en nuestros círculos, los fallos hacen que las personas sean automáticamente descartadas para el ministerio y no existen las segundas oportunidades. El fallo de Jonás, como el de Pedro -quien negó al Señor Jesús públicamente- fue grande, sin embargo, volvieron ambos a ser comisionados para el ministerio. Dios ofrece segundas oportunidades, pero también terceras y cuartas siempre que haya arrepentimiento y confesión. Si Jesús le dijo -nuevamente a Pedro- que debía perdonar a su hermano setenta veces siete -número hipotético usado para expresar sin fin- me cuesta creer, como algunos sostienen, que la capacidad de perdón del Señor y, por tanto, de nuevas oportunidades, no sea ilimitada. El propio Pablo nos enseña un principio bíblico muy...

JONÁS/ DESDE LA OSCURIDAD/ JONÁS 2

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Desde el vientre del pez, Jonás suplicó al Señor, su Dios, con estas palabras: En mi angustia clamé al Señor y fui atendido por Él; desde las profundidades del reino de los muertos pedí auxilio y tú me escuchaste. (Jonás 2:2-3) El vientre del pez, la angustia, el reino de los muertos. Todo ello me hace pensar en oscuridad, pero no en la oscuridad física únicamente, sino en la oscuridad emocional y espiritual por la cual Jonás debía de estar pasando y muchos de nosotros hemos pasado. En el caso del profeta la oscuridad le lleva a una reflexión sobre su situación, sobre las cosas que han sucedido y lo que ha vivido. Fruto de esa reflexión es el capítulo dos y todo aquello que en él se expresa. Soy un apasionado defensor de la reflexión -etimológicamente significa inclinarse hacia atrás para ganar distancia y perspectiva- como un proceso que deberíamos incorporar si o si en nuestras vidas. Sin ella no hay la más mínima esperanza de que se vaya a producir cambio y tran...

JOÁNS/ HUIR DE DIOS/ JONÁS 1

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Pero Jonás, queriendo eludir el mandato del Señor, Decidió huir a Tarsis... para alejarse del Señor. (Jonás 1:3) Es fácil juzgar a Jonás tranquilamente sentado en mi butaca y mirando las cosas desde la distancia emocional. Sin embargo, creo que esta distancia, este verlo desde afuera, esta no identificación vital con el personaje hace que pierda las enseñanzas que su vida me pueden ofrecer a mí siglos después de los hechos aquí narrados. Me da la impresión que nos ayudaría muchísimo acercarnos a todos estos personajes bíblicos y meternos directamente en su piel y tratar de ver, pensar, sentir y, en definitiva, vivir lo que ellos experimentaron. Al ponerme en sus sandalias me doy cuenta que el deseo de eludir el mandato del Señor y tratar de alejarse de Él es más común de lo que uno puede pensar y suponer. Cuando pienso en el llamado a vivir la vida en clave de ser un agente de restauración y constructor del Reino de Dios me doy cuenta que fácil es caer en esas cond...

ABDÍAS/ LA DESGRACIA AJENA/ ABDÍAS 1

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Hiciste mal contemplando con agrado la desgracia de tu hermano, alegrándote a costa de las gentes de Judá el día en que las aniquilaron, expresándote con soberbia en el día de su angustia. (Abdías  1:12) Los edomitas eran los descendientes de Esaú, el hermano de Jacob. La historia nos dice que ayudaron gustosamente a Nabuconodosor cuando esté invadió y destruyó Jerusalén llevándose a sus habitantes al destierro de Babilonia. No sólo hicieron eso, sino que contribuyeron al saqueo y expolio de la ciudad y se aprovecharon del mismo alegrándose de la desgracia de sus hermanos. El libro del profeta Abdías, el más corto del Antiguo Testamento, es un oráculo de desaprobación de parte del Señor por semejante actitud. ¿Qué podemos aprender del mismo más de 25 siglos después? Pienso que la actitud de Edom refleja la miseria del ser humano, nuestra capacidad de alegrarnos y mirar con desprecio al que sufre, al que padece y lo pasa mal. Pienso que forma parte de los efectos de...