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LEVÍTICO PARTE IV/ CÓDIGO DE SANTIDAD/ CAPÍTULO 22

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Y cuando ofrezcáis un sacrificio de acción de gracias al Señor, hacedlo de forma que sea aceptable. El apóstol Pablo afirmaba que cualquier cosa que hagamos, pongamos en ella el corazón, como si lo hiciéramos para Dios y no para los hombres.  Esto me hace pensar que un sacrificio de acción de gracias puede ser mi trabajo, mis estudios, mi servicio a otros. Me hace pensar que la acción de gracias a Dios no está limitada a cosas religiosas sino más bien a vivir la vida cotidiana y todo lo que ello implica de modo que agrade a Dios. Y agrado a Dios cuando le pongo el corazón a las cosas que hago, a todo lo que hago. Cuando lo llevo a cabo con cariño, con mimo, con calidad, con excelencia, sin desidia, sin ruindad. Cuando lo ejecuto como si el Señor fuera el destinatario de todo aquello que efectúo y no los hombres. De modo que el ámbito es toda la vida y poner el corazón la medida de la calidad.

LEVÍTICO PARTE IV/ CÓDIGO DE SANTIDAD/ CAPÍTULO 21

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Ningún descendiente del sacerdote Aarón, que tenga algún defecto, se acercará para presentar las ofrendas al Señor; si tiene un defecto, no podrá acercarse a hacer ofrendas... a su Dios... pero no podrá pasar detrás del velo, ni se acercará al altar, pues tiene un defecto y profanaría mis lugares santos. . Yo, el Señor, soy el que los santifico. La Ley de Moisés tenía una gran limitación, aunque se esforzaba por mantener una pureza o santidad exterior dejaba intacto el corazón de tal modo que era posible mantener las reglas externas pero las actitudes internas, las motivaciones, los valores y las prioridades no eran para nada cambiadas o afectadas por Dios. Siguiendo esta lógica un sacerdote que tenía defectos físicos no podía oficiar delante del Señor. Otro, aunque su corazón fuera indigno, podía hacerlo pues nadie podía detectar esas inconsistencias. Por decirlo de alguna manera se daba por sentado que el sacerdote llevaría una vida interior pura. Eso, lamenta...

LEVÍTICO PARTE IV/ CÓDIGO DE SANTIDAD/ CAPÍTULO 20

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Seréis para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo. Me considero una persona eminentemente práctica y al leer estas palabras dadas por Dios a sus seguidores me pregunto ¿Y esos en la vida cotidiana qué significa? Mis pensamientos me llevan a pensar rápidamente en Jesús, Dios hecho ser humano pare enseñarnos lo que significa ser un auténtico y genuino ser humano. Para mostrarnos el tipo de personas que hubiéramos podido ser si el pecado, nuestro deseo de vivir al margen de Él, no lo hubiera hecho totalmente inviable y nos hubiera convertido en lo que somos. Siguiendo con esta línea práctica de pensamiento, ser santo sería ser más y más como Jesús, imitarle en su manera de ver a Dios y en su manera de ver a otros seres humanos. Implicaría ir incorporando a mi vida sus valores, sus prioridades, su forma de tratar a la gente, su compromiso con el Padre y con un mundo necesitado. En definitiva, ser un "pequeño Jesús". Esto me ayuda a pasar del concepto ...

LEVÍTICO PARTI IV/ CÓDIGO DE SANTIDAD/ CAPÍTULO 19

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No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás. ¿Cómo trato a mi prójimo? Esta es la idea central que transmite este fragmento. Aquí habla de opresión y de despojo, sin embargo, el pasaje va más allá y nos confronta con todas aquellas actitudes, acciones u omisiones que perjudican a nuestro prójimo, sean hechas de forma consciente o inconsciente. Al leer esto simplemente vienen a mi mente las palabras de Jesús: Portaos con los demás como queréis que los demás se porten con vosotros. El Maestro, al menos para sus seguidores, da un perfecto antídoto contra el abuso, la opresión y el despojo.

LEVÍTICO PARTE IV/ CÓDIGO DE SANTIDAD/ CAPÍTULOS 17 y 18

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No haréis como se hace en Egipto donde habitasteis; ni haréis como se hace en Canaán a donde yo os conduzco; ni seguiréis sus costumbres. La invitación del Señor es clara, debemos de vivir de forma diferente a como vive la sociedad en la que estamos. Muchas veces algunos seguidores de Jesús han enfatizado la diferencia en cosas como la bebida, el baile y, sobre todo, la moralidad sexual. Mientras que algunas de esas cosas forman parte de la necesidad de ser diferentes del entorno en el que vivimos no son, ni mucho menos, las únicas y tal vez las más importantes.  Hay muchas otras cosas en las cuales deberíamos marcar una distancia clara y contundente con nuestra sociedad, aún más, deberíamos denunciarlas y hacerles frente porque son claras manifestaciones del mal, algo que Dios aborrece de forma profunda. Me refiero a la corrupción política y económica rampante en nuestro país. Hablo de la explotación de los emigrantes y el menoscabo de sus derechos...

LEVÍTICO PARTE III/ NORMAS SOBRE LA PUREZA E IMPUREZA RITUAL/ CAPÍTULO 15 y 16

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Di a tu hermano Aarón que no debe entrar al santuario en cualquier fecha penetrando detrás del velo, ante la cubierta de oro que está sobre el Arca, no sea que muera. Aarón era el sumo sacerdote de Israel pero ni siquiera él tenía libre acceso al lugar santísimo, donde estaba el Arca de la alianza, donde residía la presencia de Dios. Tan sólo el día de la expiación, el más sagrado de todo el calendario, podía tener ese privilegio. El resto del año el lugar santísimo le quedaba vedado y no digamos al resto del pueblo. Al leer esto ha venido a mi mente el libro de Hebreos que, en muchas cosas, tiene un claro paralelismo con el de Levítico. El contraste es brutal y demoledor ya que por medio de Jesús tenemos acceso 24/7 a la mismísima presencia del Dios que ha creado y sustenta todo el universo. Todos los que somos seguidores de Jesús tenemos la posibilidad de entrar en el lugar santísimo sin ningún tipo de restricciones ni limitaciones, en todo momento, en todo lugar...

LEVÍTICO PARTE III/ NORMAS SOBRE LA PUREZA E IMPUREZA RITUAL/ CAPÍTULO 12, 13 Y 14

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El enfermo de lepra andará con sus vestidos rasgados y con el pelo de su cabeza revuelto; se cubrirá la parte inferior de su rostro y pregonará: ¡soy impuro! ¡soy impuro! todo el tiempo que le dure la lepra será impuro y, en cuanto impuro, tendrá que vivir aislado; su morada estará fuera del campamento. La lepra era una considerada una enfermedad altamente contagiosa y, por tanto, la persona que la padecía debía de ser aislada del resto de la comunidad. El enfermo se convertía en un auténtico paria social, condenado al aislamiento y a tener que vivir, o bien en soledad, o bien en compañía de otros enfermos como él. Si además consideramos que había la creencia que la lepra era un castigo divino y estaba asociada con el pecado, tenemos una imagen completa de lo penoso que debía ser padecer esta enfermedad y las tremendas implicaciones, no únicamente médicas, sino sociales, culturales y espirituales que tenía para una persona.  Al pensar en ello saltó a mi mente el pasa...