JESÚS CRECÍA

 


Y Jesús crecía, y con la edad aumentaba su sabiduría y el favor de que gozaba ante Dios y la gente. (Lucas 2:52)

En su libro, La última tentación de Cristo, (un libro que no es para nada irreverente) el escritor griego Nikos Kazanzakis, describe el proceso por medio del cual Jesús fue ganando conciencia y aceptando que era una persona especial y singular. Las conversaciones en el desierto con su primo Juan, conocido como el bautizado, fueron claves según Kazanzakis en este sentido. El libro es, naturalmente, ficción pero, podría ser plausible.

Lucas nos describe que Jesús creció en sabiduría, es decir, esta se fue desarrollando y creo que está en línea con lo que de forma literaria describía el autor antes citado. Un ser humano que poco a poco, de forma gradual, va creciendo, desarrollándose y tomando conciencia de que era alguien especial y que tenía una relación singular con el Padre. Jesús experimentó lo que cualquier ser humano experimenta o debería experimentar, una mejor comprensión de su identidad y de su misión. Tal vez eso explicaría esos 30 años de silencio en los cuales se fueron fraguando ambas cosas, su identidad y su misión. Porque, en mi humilde entender, la primera determina la segunda.

Hay una lección para nosotros. No podemos permitirnos el lujo de vivir sin haber identificado nuestra identidad y nuestra misión. De no vivir ese proceso que Jesús vivió, parece que estamos condenados a vivir identidades y misiones prestadas.

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