CARTA DE SANTIAGO: TODO LO BUENO VIENE DE DIOS
Hermanos míos no os engañéis. Todo beneficio y todo don perfecto bajan de lo alto, del creador de la luz. (Santiago 1:16-17)
Recordemos esta carta es un manual acerca de cómo vivir en el mundo como agentes de restauración y reconciliación.
Cuando vivimos en el mundo hemos de tener la capacidad de ver los rasgos de la presencia de Dios a nuestro alrededor. Los reformadores protestantes desarrollaron el concepto de la gracia común. Esto significa que, a pesar que de la rebelión de la humanidad contra Dios, Él continua amando profundamente su creación y continua bendiciéndola. Jesús lo expresó con claridad cuando habló que el Padre hacia salir el sol y enviaba la lluvia sobre los justos y los injustos. Esto, en una cultura que dependía de la agricultura y la ganadería era esencial. Permitía el desarrollo de la vida humana.
Todo lo bueno que ves a tu alrededor es un huella del Padre. Todos los dones que los seres humanos tenemos provienen del Señor ¡Otra cosa diferente es el uso que le den! La capacidad de generar ciencia, técnica, arte, medicina, arte en todas sus dimensiones es posible porque Dios continúa y continuará dando dones y dádivas a los hombres para mejorar su calidad de vida y tratar de paliar, aunque sea limitadamente, los efectos destructores del pecado sobre la vida humana.
Desarrollemos esa capacidad de ver la huella del Señor detrás de cada bien que vemos, de cada beneficio que recibimos. Nada bueno puede porvenir de otra fuente que no sea el Padre. El otorga dones hasta las personas que no le conocen y le niegan. Y estos pueden usarlos para bendecir a otros -el médico que te cura- o dañar a otros -el científico que desarrolla armas de destrucción masiva-. El don es bueno y del Señor procede. ¿El problema? su uso

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