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LA TERNURA DE DIOS


Decía Sión: "Me ha dejado el Señor, mi Dios se ha olvidado de mí". ¿Se olvida una madre de su criatura, deja de amar al hijo de sus entrañas? Pues aunque una madre se olvidara, yo jamás me olvidaré. (Isaías 49:14-15)

Hay una cierta tendencia -según el contexto teológico del que procedemos- a enfatizar ciertos aspectos de Dios e ignorar totalmente otros. Hay personas centradas en el Dios vengador, justiciero; hasta parece que disfruten al pensar en la cantidad de personas que irán al infierno y arderán en el fuego eterno, incluidos aquellos evangélicos que no creen los matices doctrinales -que ellos mismos han creado- al pie de la letra. Otros ven al Señor como un abuelo bonachón que mira hacia otro lado cuando pecamos y nos sonríe con indulgencia. Son dos extremos, lo sé. Pero lo que quiero enfatizar es que el Señor nuestro Dios es poliédrico y no podemos enfatizar una faceta de su carácter a expensas de las otras; no podemos agarrarnos a aquellos atributos que nos gustan y se alinean con nuestra forma de pensar y negar o dejar de lado aquellos que no encajan con nuestro limitado y pobre esquema.

El Señor es todo lo que crees y... mucho más. Dios no es esto o lo otro; antes al contrario, es esto y lo otro. Es juicio y gracia, humano y divino, nos concede libertad y nos predestina, nos da la salvación y nos pide que la guardemos con temor y temblor, nos llama sus hijos y nos advierte que no todo el que le llama Señor entrará en el Reino (y, naturalmente, siempre se refiere a los otros, ni se nos pasa por la cabeza que podamos ser nosotros) No podemos ni debemos olvidar que el Señor es siempre más, mucho más de lo que mi pequeño y restrictivo sistema teológico piensa y propugna y, por tanto, debemos estar abiertos a que Él se manifieste y lo podamos experimentar de formas únicas y singulares en las diferentes situaciones de nuestra vida. 


¿Qué aspecto, matiz, arista del carácter de Dios necesitas experimentar hoy?

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