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REFLEXIVOS



Así que no seáis irreflexivos; al contrario, tratad de descubrir cuál es la voluntad de Dios. (Efesios 4:17)


Las personas que siguen mis escritos saben que amo la palabra reflexión. De origen latino, en su origen significa inclinarse hacia atrás para, de ese modo, poder ganar distancia y aumentar la perspectiva. Haciendo ambas cosas uno puede ver las cosas, percibirlas y analizarlas mucho mejor. La reflexión no se da, se busca, se provoca, es intencional; uno ha de tomar la decisión de pararse para llevarla a cabo.

De las palabras de Pablo deduzco que, a pesar de ser seguidores de Jesús, es fácil para nosotros seguir la rutina y la vorágine de la vida cotidiana y nunca pararnos para tomar ese necesario tiempo para la reflexión. Cuando esto pasa nos volvemos irreflexivos y, consecuentemente, simplemente vamos haciendo, sin preguntarnos cuestiones tan simples cómo ¿vamos en la dirección correcta? Es como la anécdota de aquel buen hombre que estaba tan ocupado conduciendo su automóvil que afirmaba que no podía perder tiempo parándose a repostar. Pablo vincula en este pasaje la reflexión al descubrimiento de la voluntad del Señor. Indica que necesitamos tomarnos ese tiempo para poder discernir cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Tristemente, cuando miro a mi alrededor veo a multitud de creyentes que nunca toman tiempo para la reflexión, ni para discernir la voluntad de Dios ni para nada.


¿Dónde están tus tiempo de reflexión?






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