CUARESMA DÍA 2
Sea mi corazón íntegro. (Salmo 119:80)
La Cuaresma es un tiempo de reflexión. La reflexión es un acto que tiene tres movimientos. Primero, pararse. Es imposible llevar a cabo una revisión de la vida sin dedicarle un mínimo tiempo de calidad. Segundo, tomar distancia para ganar perspectiva. Ver nuestra vida desde fuera, mirarla, en la medida de lo posible como un observador neutral. Aún mejor si podemos hacerlo acompañados por el Espíritu Santo que susurre a nuestro oído lo que Él ve y tal vez se escapa -adrede o no- a nuestra observación. Tercero, actuar sobre aquello que hemos percibido.
Hoy la reflexión es acerca de nuestro corazón. En la Palabra del Señor es el centro de control de todo nuestro proyecto humano. Donde se decide cómo vivimos, que prioridades albergamos, que motivaciones permitimos y que valores nos sustentan. Del corazón, según Jesús, nacen las conductas. Todo proceso de cambio, si quiere ser sostenible, debe pasar por el mismo.
La Biblia nos exhorta a tener un corazón íntegro, un corazón que no esté dividido en cuanto a sus lealtades, que no tenga un ojo puesto en Dios y otro en los dioses de este mundo. Un corazón que no albergue valores, motivaciones, actitudes, prioridades que no son compatibles con la presencia en el mismo de Jesús.
¿Qué ves al reflexionar sobre tu corazón, cuán íntegro es?
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