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VENIMOS A ADORARLO



Nosotros hemos visto aparecer su estrella en el oriente y venimos a adorarlo. (Mateo 2:2)


Hay dos cosas que destacan de los sabios de oriente: intencionalidad y propósito. Intencionalidad es la determinación de la voluntad de conseguir algo. Hay premeditación, deseo y acción.  Los hombres sabios vieron la estrella que anunciaba el nacimiento del rey y se pusieron en marcha en busca del mismo. La intencionalidad es determinación que siempre lleva a la acción. Pero en ellos observamos también propósito. Éste es definido por el diccionario como el objetivo que se pretende conseguir. Ellos lo tenían tremendamente claro, adorar al rey recién nacido.

Los sabios de oriente, su intencionalidad y propósito, son una fuente de inspiración e imitación para nosotros los que nos denominamos seguidores de Jesús. El Maestro se deja encontrar pero... hay que buscarlo con intencionalidad. Nada importante y significativo sucede en esta vida sin intencionalidad, sin determinación, sin tomar la iniciativa y poner esfuerzo en ello. El esfuerzo de hablar con Él, de oírlo a través de su Palabra, el silencio y la voz interior de la conciencia guiada por el Espíritu Santo. La pobreza en la vida espiritual va de la mano de la falta de intencionalidad y esfuerzo en cultivar una relación con el Señor, no es casual ni está determinada por ningún aspecto genético. 

Pero la búsqueda de Jesús tiene un propósito, y éste, no es simplemente la mera curiosidad intelectual, el deseo de saber y conocer más acerca de Él. El propósito, como nos indican los sabios de oriente, es adorarlo, reconocerlo como nuestro Señor, someterle nuestra vida, parecernos más y más a Él cada día en nuestra forma de vivir, pensar y actuar.


¿Cuán presentes están en tu vida vida la intencionalidad y el propósito?

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