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SOLEDAD



Estad quietos, y conoced que yo soy Dios. (Salmo 46:10)


Personalmente me encanta la soledad, sin embargo, entiendo que para muchas personas les resulte difícil estar a solas con ellas mismas. La soledad nos fuerza a encontrarnos con nosotros mismos y no siempre nos gusta el resultado de ese encuentro. Es mucho más fácil escapar sumergiéndonos en el ruido; además, nuestra hiperconectada sociedad nos provee de múltiples oportunidades para huir de esa introspección; Internet, los dispositivos móviles de todo tipo, Netflix, HBO, fútbol, música; en fin, todo contribuye para no tener que pasar tiempo de soledad ¡Quién sabe lo que podemos descubrir sobre nosotros mismos en esos tiempos que pueden ser percibidos como una auténtica amenaza! 

Jesús entendía la importancia de la soledad. En momentos de presión, de decisión, de lucha optaba por ella alejándose de las multitudes y del ruido e incluso del éxito del ministerio. En la soledad encontraba las fuerzas físicas, emociones y espirituales para poder seguir adelante con su misión. Creo que sólo en el silencio y la soledad es posible conocer a Dios de forma íntima. Creo que sólo en el silencio y la soledad es posible oír su voz en medio de una sociedad saturada con ruido y contaminación acústica interna y externa. La soledad es una opción; optar por pasar tiempo con Dios y dejar que nos examine y saque a la luz toda la porquería interior que albergamos, solo así podrá ser sanada. La soledad es también la opción de desconectar los ruidos para concentrarnos en conocer que Él es Dios.


¿Miedo a optar por la soledad?

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no lo ocultaremos a nuestros hijos,
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Él mandó a nuestros padres
que lo comunicaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación venidera,
los hijos que habían de nacer;
y se lo confiaran a sus hijos
para que pusiera en Dios su esperanza,
no olvidaran las hazañas de Dios
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