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LA FE EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS: PERSPECTIVA ETERNA



Y oí una voz poderosa que decía desde el trono: — Esta es la morada que Dios ha establecido entre los seres humanos. Habitará con ellos, ellos serán su pueblo y él será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido. El que estaba sentado en el trono anunció: — Voy a hacer nuevas todas las cosas. (Apocalipsis 21:3-5)

Estos son tiempos para que los seguidores de Jesús vivamos y cultivemos la esperanza y, a la vez, compartamos esperanza con aquellos que están a nuestro alrededor y carecen de ella. El apóstol Pedro nos recomendó que siempre estuviéramos listos para dar razón de la esperanza que hay en nosotros. En mi opinión para vivirla en nuestra realidad cotidiana necesitamos una doble perspectiva, a corto y largo plazo. 

A corto está alimentada por la seguridad de la presencia del Señor en nosotros no importa cuales sean las circunstancias que podamos vivir, buenas o malas. A largo está alimentada por la realidad que la vida no acaba aquí, que existe una eternidad juntamente con Dios, una eternidad que será muy diferente de la realidad presente. Una realidad donde, como dice este pasaje de Apocalipsis, ya no habrá dolor, sufrimiento, tristeza, enfermedad ni muerte. Una realidad donde la afirmación del Señor es que todas las cosas serán hechas nuevas. 

Necesitamos ambas perspectivas; la esperanza se alimenta de ambas. Las dos son realidades que sostienen al creyente, una para afrontar los retos del presente, la otra para saber cuál será el final de nuestra historia.


¿Hasta qué punto estás viviendo estas dos perspectivas en tu vida? ¿Qué puedes hacer para alimentarlas?

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