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¿CON QUÉ O QUIÉN ME SIENTO SEGURO?



Al tener noticias de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que mostráis a todos los creyentes (Colosenses 1:4)

Pablo escribe a los seguidores de Jesús que se reúnen en la ciudad de Colosas. Toda la primera parte de la carta, como ocurre a menudo con sus epístolas, contiene mucha información sobre el carácter de dicha comunidad. Al leerla, después de ese tiempo de sequía espiritual, me preguntaba ¿Son visibles en ti Félix esas cualidades? ¿Lo son en la comunidad a la que perteneces? 

Es una pregunta que me lleva a reflexionar seriamente. Primero, me obliga a pensar acerca del significado de la fe y el amor de los colosenses. Segundo, me hace plantearme cómo contestarían a esas preguntas observadores externos, gente que me observa, que nos observara desde fuera.

En las Escrituras fe es confianza. Yo uso, a menudo, una definición de confianza que me encanta, “la medida en que yo me siento seguro con algo o alguien”. En este caso sería con Jesús. Tengo que reconocer que, aunque a nivel público y de boca para fuera, proclamo, que toda mi confianza está depositada en Cristo, no siempre es así. Por supuesto, lo es para la vida eterna. No tengo la más mínima duda de que una vez que muera -algo que cada vez está más cerca- estaré en la eternidad con Dios. Ese no es el reto. El resto consiste en confiar, sentirse seguro con Él, aquí y ahora, con los retos y desafíos de la vida cotidiana. Y eso me lleva a reflexionar en qué se basa mi seguridad ¿En el trabajo, las personas que me respaldan económicamente, ni red de contactos, mi capacidad de generar nuevas ideas y alternativas? ¿En qué o en quién realmente me siento seguro? ¿Qué dirían de mi aquellos que me observan desde fuera?

¿En qué o en quién te sientes seguro?

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