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ROMANOS/ GUÍA PRÁCTICA PARA LA VIDA COTIDIANA 3: AL SERVICIO DE OTROS / ROMANOS 12:3-8



En virtud del don que me ha sido otorgado me dirijo a todos y a cada uno de vosotros para que a nadie se le suban los humos a la cabeza, sino que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido. Pues así como nuestro cuerpo, que es uno, consta de muchos miembros, y cada uno desempeña su cometido, de la misma manera nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y en ese cuerpo cada uno es un miembro al servicio de los demás. Y puesto que tenemos dones diferentes según la gracia que Dios nos ha otorgado, a quien haya concedido hablar en su nombre, hágalo sin apartarse de la fe; el que sirve, que lo haga con diligencia; el que enseña, con dedicación; el que exhorta, aplicándose a exhortar; el encargado de repartir a los necesitados, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; y el que practica la misericordia, con alegría. (Romanos 12:3-8)

Pablo en este pasaje nos comparte tres principios que son tremendamente prácticos para todo seguidor de Jesús. El primero, tiene que ver con la importancia de conocerse a uno mismo para saber qué podemos aportar al cuerpo de Cristo, es decir, a la comunidad de los creyentes. Si somos todos miembros de un mismo cuerpo eso implica que todos, sin excepción, tenemos una aportación a llevar a cabo que es insustituible y que si nosotros no la llevamos a cabo nadie la podrá hacer. No es de extrañar que haya tantos cuerpos disfuncionales donde una pequeña minoría copa todas las responsabilidades mientras que una gran mayoría son simplemente espectadores.

La segunda, tu don, ha sido dado por Dios conforme a Él le ha placido y le ha parecido bien. En un cuerpo no existen partes de primera o de segunda. Todas tienen su importancia y son necesarias para el correcto funcionamiento del mismo. Nuevamente, cuando una o varias faltan es cuando ese cuerpo no puede llevar a la perfección las funciones para las que ha sido diseñado. Tu contribución, por tanto, es necesaria y viene del Señor.

La tercera, tu don ha sido dado para ministrar y servir al resto de la comunidad. "Somos miembros al servicio de los demás" indica el apóstol Pablo. Consecuentemente podríamos afirmar que una comunidad saludable es aquella que reúne esas tres características: Los miembros conocen qué don tienen, lo valoran y, finalmente, lo ponen al servicio de los demás.



Examínate a la luz de esas tres características ¿Cuál es tu don? ¿Cómo lo valoras? ¿Cómo lo usas al servicio de otros?

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