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JESÚS/ UN CORAZÓN ENDURECIDO/ MATEO 13:1-16



Escucharéis, pero no entenderéis;
miraréis, pero no veréis.
15 Porque el corazón de este pueblo está embotado.
Son duros de oído y tienen cerrados los ojos,
de modo que sus ojos no ven,
sus oídos no oyen y su corazón no entiende;
y tampoco se convierten para que yo los cure.
(Mateo 13:14-15)

Siempre me ha fascinado la importancia que la Biblia le otorga al corazón. A diferencia de la cultura occidental, que enfatiza el corazón como la base de las emociones, para los hebreos era el centro de control de la vida, desde donde se gestaba y se dirigía el proyecto vital de un ser humano, de ahí las palabras de Proverbios acerca de la importancia de guardar el corazón.

Una de las referencias frecuentes en la Escritura es al corazón endurecido -embotado según la versión que utilizo-. se trata de uno que ha perdido la sensibilidad espiritual en el sentido más amplio de la palabra. Uno que no tiene capacidad de responder ni ante los llamados de Dios ni tampoco los de su prójimo.

No nos engañemos, uno puede ser externamente religioso e igualmente tener el corazón endurecido, de hecho esta era la acusación frecuente del Señor a su pueblo en el Antiguo Testamento y de Jesús a sus contemporáneos. Religiosidad externa y dureza interna. Piedad superficial y dureza en el interior.

Unos oídos sordos y unos ojos que no ven son, según Jesús citando al profeta Isaías, síntomas evidentes de un corazón que está endurecido. Sordos a la voz de Dios, incapaces de reconocerla en la vida cotidiana y, si acaso la oyeren, la ignoran. Ciegos a las necesidades de un mundo roto y a las personas necesitadas a su alrededor, centradas en ellas mismas y sus necesidades.

¿Oyes y ves? ¿Qué tipo de corazón albergas? ¿Qué te dicen los síntomas?

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