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JESÚS/ DEMOSTRAR EL REINO/ MATEO 8:14-17


16 Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas; y con una orden expulsó a los espíritus malos, y también sanó a todos los enfermos. 17 Esto sucedió para que se cumpliera lo que anunció el profeta Isaías, cuando dijo: «Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.» (Mateo 8:16 y 17)


Hasta este punto todo lo que sucede en el capítulo ocho del evangelio han sido sanidades de diferentes tipos, algunas individuales, como el leproso, el siervo del oficial del ejército romano, la suegra de Pedro, y otras masivas como las descritas en estos versículos. 

Las sanidades son una demostración del Reino. Jesús proclamaba el Reino -por medio de la predicación de la buena noticia- pero también demostraba la presencia del Reino -por medio de contrarrestar las consecuencias negativas del pecado como son la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, las posesiones, el hambre, la marginación, etc. Miremos donde miremos al evangelio ambas cosas van siempre de la mano y al Reino se le hace un flaco favor cuando únicamente se proclama y no se demuestra y viceversa. 

Proclamación sin demostración o demostración sin proclamación son versiones sesgadas del evangelio que no hacen honor al mensaje y el ministerio del Maestro a quien seguimos. Habrá ocasiones para proclamas y otras para demostrar. El Espíritu, que en palabras de Jesús nos guiará a toda la verdad, será quien nos de el discernimiento necesario para saber qué es lo más conveniente en cada momento.

Proclamación y demostración son dos realidades que podemos usar para evaluar nuestra misión como agentes de restauración. ¿Hasta que punto están presentes en nuestra vida?

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