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CUARESMA DÍA 26




Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. (Marcos 10:38)

Comienza una nueva semana de cuaresma y, poco a poco, nos vamos acercando a lo que se denomina la Semana Santa, para muchos un tiempo de salir de la ciudad en busca de descanso, para otros, una posibilidad de meditar y vivir más en profundidad el misterio del Cristo hecho ser humano para mostrarnos el camino hacia el Dios Padre.

La invitación del día de hoy es a reflexionar acerca de nuestras oraciones. Ya hemos mencionado que la reflexión consiste en inclinarse hacia atrás en un intento de ganar perspectiva y distancia. Al hacerlo acerca de nuestra vida de oración ¿Qué vemos, qué observamos?

Jesús tuvo que repetir a una petición hecha por algunos de sus discípulos que no sabían qué estaban pidiendo. Ni siquiera se habían parado a pensar en la coherencia o incoherencia de aquello que estaban demandándole al Maestro. No habían reflexionado acerca de la posibilidad o imposibilidad de su petición, simplemente verbalizaron algo que, cuando leemos el contexto, sabemos que llevaban tiempo dándole vueltas por la cabeza.

¿Cómo es nuestra vida de oración, qué observamos al tomar distancia y mirar sobre la misma? 

¿Es un diálogo con una persona que nos ama y a la que amamos o, por el contrario, vemos al Señor como un expendedor automático de auxilio en situaciones difíciles? 

¿Qué revela sobre nosotros las cosas que le pedimos? ¿Muestran una comprensión de quién es Dios y de su carácter? ¿Estamos pidiendo cosas que no tienen sentido y son incoherentes? ¿Tenemos unas expectativas totalmente falsas y equivocadas acerca de Jesús?

Finalmente, ¿Qué pone de manifiesto lo que no pedimos? Al observar nuestra vida de oración ¿Qué falta, qué no está presente, qué nunca forma parte de nuestro diálogo con el Señor? ¿Qué pone eso de manifiesto, qué nos enseña sobre nosotros mismos?



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