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NÚMEROS PARTE I/ LA GENERACIÓN DEL DESIERTO/ CAPÍTULO 24



Oráculo de Balaán hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos abiertos, oráculo del que oye las palabras de Dios y recibe visiones del Altísimo, del que cae en éxtasis con ojos abiertos. (Números 24:2 y 3)

Escuchar la voz de Dios, recibir visiones de parte suya, experimentarlo en medio de éxtasis. Para la familia denominacional a la que pertenezco y en la tradición en la cual yo me crié, estas manifestaciones ni son normales, ni son esperadas, ni son buscada y, en algunos casos, hasta son negadas afirmando, sin que pueda encontrar la base bíblica para ello, la razón para semejante afirmación.

La experiencia me ha enseñado que uno no encuentro lo que no busca y cuando no buscas algo es posible que no tengas la capacidad de reconocerlo cuando aparece y lo tienes delante de tu ojos, simplemente porque no estaba en tu radar, consecuentemente....

Yo no estoy hablando de buscar como un poseso experiencias de tipo espiritual. Tampoco de que las revelaciones, las visiones, las palabras proféticas sean signo y distintivo de nada, dicho de otro modo, no es más espiritual el que las tiene que el que carece de ellas. Jesús afirmó que nos conocerían por nuestros frutos, no por nuestras revelaciones, visiones o palabras proféticas. 

De lo que estoy hablando es que Dios se manifiesta como y cuando quiere. Que no tiene que pedir permiso a mi teología para ser Él mismo y que si no estoy abierto y atento a ese Dios que ha decidido hablar y continuar hablando, es posible que cuando oiga su voz o este delante de sus señales no tenga la capacidad de reconocerlo. Al menos eso pienso.

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