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HECHOS ESTUDIO 14: SUFRIR

Debemos sufrir mucho antes de entrar en el Reino de los cielos.

Estas son las palabras que Pablo y Bernabé a las comunidades de seguidores de Jesús recién formadas en Asia Menor.

Esta es la frase que ha captado mi atención y, consecuentemente, ha sido la que ha hecho que mi cerebro comenzara a dar vueltas acerca de qué escribir hoy. Esa máquina interior que es el cerebro ha puesto en relación dos palabras, sufrimiento y gozo.

Hay dos tipos de sufrimiento. Uno, el primero, es común a todos los seres humanos y forma parte precisamente de nuestra experiencia humana. Seguidores de Jesús o no, todos los humanos sufrimos accidentes, enfermedades, dolores y, finalmente, la muerte,

El segundo de los sufrimientos es privativo de los seguidores del Maestro y, a su vez, se divide en dos tipos. El primer, por decirlo de alguna manera, subtipo viene como consecuencia del deseo de seguir a Jesús y puede manifestarse en forma de rechazo por parte de los demás, problemas sociales derivados de nuestra fe, retos y desafíos que hemos de afrontar.

El segundo subtipo es más opcional y se deriva de nuestro deseo de colaborar con Jesús en la tarea de restaurar el mundo, de vivir como agentes de restauración. Es ese sufrimiento que abrazamos para, precisamente, poder aliviar el de los demás. Este es totalmente opcional y evitable, podemos vivir sin asumirlo y haciendo esto nos ahorramos una considerable dosis de sufrimiento.

Y aquí, precisamente, es donde entra en juego el gozo. Porque asumimos ese sufrimiento del que acabo de hablar no como el cordero que es llevado con o sin resignación al matadero, sino más bien con el gozo con el que Jesús asumió y enfrentó la cruz, porque verdaderamente el ser un agente de restauración si no va acompañado del gozo es una total agonía y no sé si vale la pena.

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