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LUCAS ESTUDIO 3: CONVERSIÓN



El capítulo tres del evangelio narra el comienzo de los ministerios de Juan, el primo de Jesús, y del mismo Maestro. Mi centro de atención y revisión personal se ha enfocado en el contenido de la predicación de Juan, en especial todo lo relativo a la conversión. Él indica, con total claridad, que la conversión, es decir el volverse hacia Dios, pues este es el significado de la palabra en griego, un giro de 180 grados, ha de manifestarse por medio de cambios en el estilo de vida.

Juan confrontaba a los religiosos diciéndoles que no bastaba el invocar el hecho de que eran hijos de Abraham, hasta de las piedras Dios puede sacar ese tipo de seguidores, sino que la única prueba fehaciente de la realidad de su conversión era un cambio en el estilo de vida.

Pensando en mi propia experiencia personal me doy cuenta que debo acercarme al concepto de la conversión de una manera más profunda, seria y menos religiosa. La conversión es a la vez un evento, es decir, hay un día específico en que uno da ese giro de 180 grados, pero a la vez es un proceso, porque debemos seguirnos convirtiendo día a día y las evidencias deben ser claras en nuestro proyecto vital.

Y hablo de proceso porque la vida es dinámica, la vida cambia constantemente y yo, a mis 56 años, no soy, ni mucho menos, el Félix Ortiz que se convirtió, mi vida ha cambiado, se ha vuelto diferente, mi proyecto vital ha descartado cosas e incorporado nuevas áreas que deben ser convertidas, orientadas, vueltas hacia Dios y eso, eso ha de ser evidente en mi manera de vivir.

Honestamente, no creo que sea suficiente con decir "me convertí cuando tenía...... años", creo que debemos cambiar el lenguaje y hablar de seguir convirtiéndonos día a día. Sé también que los ortodoxos, como en el tiempo de Jesús, pueden rasgarse las vestiduras al leer esto, pero me pregunto si tanta indignación que, en ocasiones, mostramos hacia lo que piensan los demás no deberíamos enfocarla hacia nuestro propio interior y ver qué debemos cambiar.



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