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1 PEDRO ESTUDIO 14. LÍMITE EN LA PRÁCTICA DEL BIEN



1 PEDRO 3:13-17

13 ¿Quién podrá hacerles mal, si ustedes se empeñan siempre en hacer el bien? 14 Pero aun si por actuar con rectitud han de sufrir, ¡dichosos ustedes! No tengan miedo a nadie, ni se asusten, 15 sino honren a Cristo como Señor en sus corazones. Estén siempre preparados a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen, 16 pero háganlo con humildad y respeto. Pórtense de tal modo que tengan tranquila su conciencia, para que los que hablan mal de su buena conducta como creyentes en Cristo, se avergüencen de sus propias palabras.

17 Es mejor sufrir por hacer el bien, si así lo quiere Dios, que por hacer el mal.


La lógica y el sentido común parecen informarnos que si una persona hace el bien de forma intencional y lo incorpora en su forma de vida todas las cosas le deberían ir rodadas y semejante persona gozaría de la consideración social. Sin embargo, la realidad nos muestra que no siempre es así, antes al contrario, la práctica del bien, el vivir con integridad, el ser coherente con un sistema de valores y la búsqueda del bienestar el prójimo puede llevarnos a muchos problemas e incluso al sufrimiento.

Esto me plantea el pensamiento de si existen límites razonables a la práctica del bien. Mi mente me provee la respuesta rápidamente ¡Por supuesto, cuando la práctica del bien nos lleve al sufrimiento! Sin embargo, lo que Pedro nos dice es que el sufrimiento por hacer el mal, es decir, como consecuencia de nuestras malas acciones, omisiones o pensamientos, no tienen ningún mérito. El mérito -no en el sentido que nos haga más aceptables ante Dios o nos procure la salvación- está cuando el sufrimiento es derivado de nuestro deseo de practicar el bien y de este modo imitar el carácter de Jesús.

Pedro lo afirma con claridad cuando indica que si hemos de sufrir que sea como consecuencia de nuestro deseo de practicar el bien y no lo contrario. Después, en el pasaje que viene a continuación, nos mostrará a Jesús como ejemplo de alguien que sufrió precisamente por su deseo de hacer el bien, de forma concreta de hacernos bien a nosotros.


Un principio

El sufrimiento no debería ser un límite a nuestra imitación de Jesús.

Una pregunta

¿Dónde está tu límite en la práctica del bien?

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