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HECHOS 3. EL TESTIMONIO APOSTÓLICO EN JERUSALÉN

Hechos 2:1-13

1 El día de Pentecostés,[a] todos los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. 2 De repente, se oyó un ruido desde el cielo parecido al estruendo de un viento fuerte e impetuoso que llenó la casa donde estaban sentados. 3 Luego, algo parecido a unas llamas o lenguas de fuego aparecieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Y todos los presentes fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas,[b] conforme el Espíritu Santo les daba esa capacidad.

5 En esa ocasión, había judíos devotos de todas las naciones, que vivían en Jerusalén. 6 Cuando oyeron el fuerte ruido, todos llegaron corriendo y quedaron desconcertados al escuchar sus propios idiomas hablados por los creyentes.

7 Estaban totalmente asombrados. «¿Cómo puede ser? —exclamaban—. Todas estas personas son de Galilea, 8 ¡y aun así las oímos hablar en nuestra lengua materna! 9 Aquí estamos nosotros: partos, medos, elamitas, gente de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, de la provincia de Asia, 10 de Frigia, Panfilia, Egipto y de las áreas de Libia alrededor de Cirene, visitantes de Roma 11 (tanto judíos como convertidos al judaísmo), cretenses y árabes. ¡Y todos oímos a esta gente hablar en nuestro propio idioma acerca de las cosas maravillosas que Dios ha hecho!». 12 Quedaron allí, maravillados y perplejos. «¿Qué querrá decir esto?», se preguntaban unos a otros.

13 Pero otros entre la multitud se burlaban de ellos diciendo: «Sólo están borrachos, eso es todo».


Los creyentes continuaban, como ya había visto en el pasaje anterior, reunidos en un mismo lugar, probablemente orando y teniendo compañerismo, me pregunto si tal vez estaban recordando una y otra vez las apariciones de Jesús y el gozo que les había producido verse de nuevo con el Maestro resucitado.

Pero me pregunto cuánto tiempo más habrían estado en esa situación si no hubiera intervenido el Espíritu Santo con su llegado y trastornado al mismo tiempo que transformando sus vidas y su realidad. Porque lo cierto es que este pasaje, como el anterior, reflejan a una comunidad que, a pesar de haberse encontrado con el Jesús resucitado, continúa viviendo en derrota, paralización, desánimo y falta de dirección. Únicamente la venida del Espíritu cambia las cosas y les obliga, literalmente, a moverse hacia una realidad de misión en un mundo necesitado.

Al leer este pasaje pensaba en mi propia vida, en primer lugar, y en la de muchos que me rodean y que vivimos esta paralización letal. Que es cierto que hemos tenido un encuentro con el Jesús resucitado pero, a pesar de todo, seguimos reunidos en el mismo sitio temerosos de un mundo cada vez más hostil, más cambiante, más autosuficiente y más difícil de entender y en el que aventurarse.

Pienso que tan sólo el Espíritu puede cambiar mi realidad interviniendo en mi vida, en mi realidad, en mis temores, inseguridades y desánimos. Por eso, sólo puedo afirmar ¡Ven Espíritu ven! Y, por favor, no me argumentes teológicamente que el Espíritu ya vive en nosotros, ¡Ya lo sé! hablo de experiencia, no de creencia.


Un principio

Sólo el Espíritu puede sacarnos de un letargo mortal.

Una pregunta

¿Qué relación tiene este pasaje con tu vida actual?

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