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HECHOS 71. EL MINISTERIO DE PABLO.SU ENCARCELAMIENTO Y EL VIAJE A ROMA 13




HECHOS 28:11-31


11 Tres meses después del naufragio, zarpamos en otro barco, que había pasado el invierno en la isla; era un barco de Alejandría que tenía como figura de proa a los dioses gemelos.[a] 12 Hicimos la primera parada en Siracusa,[b] donde nos quedamos tres días. 13 De allí navegamos hasta Regio.[c] Un día después, un viento del sur empezó a soplar, de manera que, al día siguiente, navegamos por la costa hasta Poteoli. 14 Allí encontramos a algunos creyentes,[d] quienes nos invitaron a pasar una semana con ellos. Y así llegamos a Roma.

15 Los hermanos de Roma se habían enterado de nuestra inminente llegada, y salieron hasta el Foro[e]por el Camino Apio para recibirnos. En Las Tres Tabernas[f] nos esperaba otro grupo. Cuando Pablo los vio, se animó y dio gracias a Dios.

16 Una vez que llegamos a Roma, a Pablo se le permitió hospedarse en un alojamiento privado, aunque estaba bajo la custodia de un soldado.

17 Tres días después de haber llegado, Pablo mandó reunir a los líderes judíos locales. Les dijo:

—Hermanos, fui arrestado en Jerusalén y entregado al gobierno romano, a pesar de no haber hecho nada en contra de nuestro pueblo ni de las costumbres de nuestros antepasados. 18 Los romanos me llevaron a juicio y querían ponerme en libertad, porque no encontraron ninguna causa para condenarme a muerte; 19 pero cuando los líderes judíos protestaron por la decisión, creí necesario apelar al César, aunque no tenía deseos de presentar cargos contra mi propia gente. 20 Les pedí a ustedes que vinieran hoy aquí para que nos conociéramos y para que yo pudiera explicarles que estoy atado con esta cadena porque creo que la esperanza de Israel —el Mesías— ya ha venido.

21 Ellos respondieron:

—No hemos recibido ninguna carta de Judea ni ningún informe en tu contra de nadie que haya venido por aquí; 22 pero queremos escuchar lo que tú crees, pues lo único que sabemos de este movimiento es que se le ataca por todas partes.

23 Entonces fijaron una fecha, y ese día mucha gente llegó al lugar donde Pablo estaba alojado. Él explicó y dio testimonio acerca del reino de Dios y trató de convencerlos acerca de Jesús con las Escrituras. Usando la ley de Moisés y los libros de los profetas, les habló desde la mañana hasta la noche. 24 Algunos se convencieron por las cosas que dijo, pero otros no creyeron. 25 Después de discutir entre unos y otros, se fueron con las siguientes palabras finales de Pablo: «El Espíritu Santo tenía razón cuando les dijo a sus antepasados por medio del profeta Isaías:

26 “Ve y dile a este pueblo:
Cuando ustedes oigan lo que digo,
no entenderán.
Cuando vean lo que hago,
no comprenderán.
27 Pues el corazón de este pueblo está endurecido,
y sus oídos no pueden oír,
y han cerrado los ojos,
así que sus ojos no pueden ver,
y sus oídos no pueden oír,
y sus corazones no pueden entender,
y no pueden volver a mí
para que yo los sane”[g].

28 »Así que quiero que sepan que esta salvación de Dios también se ha ofrecido a los gentiles,[h] y ellos la aceptarán».[i]

30 Durante los dos años siguientes Pablo vivió en Roma pagando sus gastos él mismo.[j] Recibía a todos los que lo visitaban, 31 y proclamaba con valentía el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo; y nadie intentó detenerlo.


El libro de los Hechos de los Apóstoles culmina con la llegada del apóstol a Roma y los, al menos, dos años que pasó compartiendo la buena noticia de Jesús con los habitantes de la ciudad. Sabemos, por escritos del mismo Pablo, que incluso personas del propio palacio imperial llegaron a ser seguidores de Jesús.

Es incierta, al menos desde un punto de vista histórico, la suerte que corrió Pablo una vez llegado allí. Algunos autores indican que fue liberado y, según se desprende de las cartas que escribió, continuó viajando aunque de estos viajes no quede constancia escritas, únicamente, como hemos mencionado antes, algunos detalles en sus cartas a las comunidades cristianas. Eso implicaría un segundo encarcelamiento en Roma, en fecha posterior, que fue el que llevó a su posible muerte en la ciudad.

Otros autores consideran que el apóstol murió ejecutado después de su juicio pero, tanto una cosa como la otra quedan fuera del alcance de mi reflexión y del propósito de la misma.

Sólo quería escribir como colofón las palabras de Pablo a los judíos de la ciudad advirtiéndoles de qué fácil es resistir al Espíritu de Dios en nuestras vidas cuando nos llama la atención sobre algo o sobre alguien. La advertencia sigue siendo vigente hoy y para mí. Hay que ser sensibles a la voz del Señor y no apagarla en nuestros corazones.


Un principio

Sensibilidad hacia la voz del Espíritu de Dios.

Una pregunta

¿Qué te está diciendo la voz del Señor hoy?


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